martes, 16 de junio de 2015

Felicidad, deseo, pasión o choco cake


"No existe la felicidad que venga desde fuera; tienes que encontrarla en ti mismo". Ludwig van Beethoven




No entiendo como Bukowski podía escribir con resaca, o peor aun estando ebrio. Sé que no hay nada mejor que relajarse y disfrutar de la vida. La cuestión es ¿cómo hacerlo?
Mientras besaba el vino e inmortalizaba ese momento –no sólo con un selfie, no me critiquen que ustedes también lo hacen–, decidí pensar en qué era o mejor dicho es la felicidad para mí.

No tenía papel ni lápiz, de modo que decidí repetirme la pregunta una y otra vez hasta llegar a una conclusión semi aceptable. En un principio pensé que ser feliz podía –o puede-  ser un estado o mejor dicho un modus vivendi. Creo que por iniciativa propia uno elige como vivir e intenta por cualquier medio ser feliz. Claro que ese sueño empieza a desmoronarse cuando las “ilusiones”, metas, objetivos, etc. se ven frustrados.

¿Entonces en qué consiste ser feliz? Dada mi muy poca experiencia puedo decir que ser feliz es tener una relación contigo mismo/a plena, además de complementarla con el apoyo de la familia, el calor de los amigos y la adquisición de nuevos conocimientos. Descubrirnos poco a poco, ser capaces de diferenciar aquello que nos gusta de lo que no, lo que queremos y lo que no, ser sinceros con nosotros mismos para poder enfrentarnos a nuestros miedos, límites y barreras que bloquean el acceso a nuestra mejor versión. Puede que no sea la definición de la “idea” de felicidad, pero para mí es la forma de encarar y enfrentarme a la vida. Sin miedo.

 En el momento en que fui capaz de entender que la felicidad, así como el éxito personal no se mide por tu cuenta bancaria ni por los títulos profesionales adquiridos ni tampoco por las parejas que pasan por nuestra vida, asimilé que mi existencia aparte de ser tiempo y experiencia era –es– la adquisición de nuevas emociones, sensaciones y estados anímicos que se asientan en mi interior moldeando así lo que hoy en día soy y dando paso probablemente a lo que en un futuro seré.

 Antes de que me juzguen quiero que tengan en cuenta de que sí el tamaño importa–una verdad a medias–, la edad también lo es. Me explicaré. Soy muy crítica conmigo misma y a su vez con los demás, lo sé la mayoría de nosotros/as lo somos sólo que no nos atrevemos a gritarlo a los cuatro vientos. La edad cronológica es un número que determina cuando tienes la edad suficiente para tener relaciones –de forma legal–, cuando puedes casarte, beber alcohol, adoptar, etc. Ese valor suele determinar el grado de madurez al que socialmente estamos condenados. Muchas veces me he visto en situaciones en las que personas que me sacaban una década o incluso me llegaban a doblar la edad no tenían ni idea de lo que querían, no sabían qué hacer con su vida y lo peor de todo es que intentaban darme algún tipo de consejo contradictorio. Es en esos momentos cuando me doy cuenta de lo importante que es conocerse a uno mismo, seguir su propio camino, por más difícil que sea el sendero no hay que perder el rumbo, no sí lo que realmente queremos es vivir.
               
             "Conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones. Si uno consigue conocerse a fondo a sí mismo, sabrá comprender a los demás y la realidad que lo rodea". Alejandro Magno

Recuerdo haber hablado con alguien que me mencionó lo importante que era conseguir éxito en su vida; supongo que de esa forma se sentiría orgulloso de sí mismo, al fin y al cabo no es otra cosa más que ego y puede que algo de legado. El éxito no es más que ese valor que nosotros queremos darle. Una opinión externa que “nos define (limita) socialmente”. Es absurdo pensar que esa ilustración no es nada más que otra evaluación general seguida de un par de adjetivos peyorativos escupido por un “pseudo triunfador/ra”. Puede que en muchos casos seamos considerados socialmente como fracasados o mediocres y sin embargo nosotros sabemos que, pese a todo, formamos parte de ese colectivo diminuto de seres felices en este mundo. Todo es una cuestión de cómo nos lo tomemos, obvio que no hay que caer en extremismos.

Si bien Bukowski dijo que “las personas no querían amor sino éxito, y el amor podía ser sólo una forma de ese éxito”, he de decir que pese a que admiro a Bukowski, no podría estar de acuerdo. La gente necesita amor en su vida. Amor hacia uno mismo, hacia sus seres queridos, hacia la vida en sí. Claro está que hay muchas formas de profesarlo. Eso me hace pensar en la relación entre el deseo, la pasión y la felicidad. Podemos experimentar esas tres emociones o sentimientos en una fracción de segundo y no poder identificarlas o peor aún diferenciarlas. A menudo confundimos el deseo con amor, la pasión con felicidad y la felicidad con la ausencia de miedo. Eso es lo que me hace pensar en lo poco que sabemos y en lo mucho que hay que indagar en nuestro interior para así poder encontrar la estabilidad que necesitamos.

Para no concluir de forma fatalista he decir que una servidora suele equivocarse, –me gustaría decir que cada vez menos, pero eso sería mentir–, intento encontrar mi camino sin servir a la esclavitud social a la que estamos condenados. Si bien es cierto que cualquier medio sirve para obtener un fin, a veces no hay que fijarse en el medio, sino en el camino. Éste puede estar lleno de baches y polvorientos senderos, no obstante eso no quiere decir que no esté allí, es por ello que pienso que cada día cuenta, cada instante, minuto o segundo puede alterar el curso de la travesía. Por más absurdo que nos parezca que un beso o una sonrisa no tienen el equivalente emocional a 1.000.000€, sin embargo si los damos sin necesidad de recibir nada a cambio, si ayudamos sin esperar reciprocidad, si apoyamos a todos aquellos seres que nos rodean, tanto en los buenos como en los malos momentos, nos sentiremos más ricos que Amancio Ortega –vale, es exagerar demasiado, pero qué más da–. Así que… a vivir, a sentir, a reír, a experimentar, a llorar, porque  a veces, sólo a veces, hasta las lágrimas pueden llegar a ser de verdadera felicidad.

             "Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad". Erich Fromm


Verónica García Arreaga

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