“El individuo bien equilibrado está loco” C. Bukowski.
Es curioso cuando todo lo habitual o conocido
empieza a carecer de sentido. Me explicaré. Llevaba semanas viviendo una vida
que no era la mía. No era de color rosa, pero se asemejaba a ella. Me sentía
incómoda ante la idea de que todo marchara bien –será que no estoy acostumbrada-.
Me gustaba escuchar las palabras anheladas, disfrutaba sintiendo lo deseado, en
otras palabras viviendo lo querido. Pero, ¿qué pasa cuando lo bueno se acaba? Caminando
por la ciudad, observando los curiosos rostros que miraban en la misma
dirección que la mía, encontré la respuesta que esperaba.
El mundo no se detiene por nada ni por nadie, "la vida sigue -dicen-". No nos gustan las verdades universales, pero es así. Siempre
habrá una historia nueva que vivir, una lección por aprender y alguien a quien
recordar. BUENO o MALO son palabras que forman parte de nuestro vocabulario,
pero ¿de verdad las utilizamos como se deben? Es curioso como el malo, malísimo, en su momento fue el adorado y perfecto…ridículo, no? Lo mismo sucede con las palabras NUNCA y SIEMPRE,
las monopolizamos como argumentos que magnifican nuestros puntos de vista,
porque así justificamos el pasado e idealizamos el futuro -craso error-.
Y en eso se queda o se quedó, en experiencia,
en tiempo pasado, en tiempo habido, en un simple recuerdo. Luego, llega un día
en el que tienes que despertar y empezar otra vez. Reconstruyes todos los
recovecos que fueron maltratados, te reinventas y cuando ya casi estás listo/a
el ciclo vuelve a empezar. Eso hace que me pregunte si aprendo de los errores o
repito la historia una y otra vez. Es verdad que no hay peor ciego que aquel
que no quiere ver, pero que pasa cuando “lo obvio” viene camuflado de palabras adornadas,
de promesas futuras, de sentimientos “sentidos”… las expectativas incrementan
de forma exponencial alimentando eso que tanto nos gusta a todos los seres
humanos, la esperanza. Curioso no? Seguramente nos ha pasado a tod@s en algún
momento de nuestras vidas.
No obstante, pensando en Bukowski, me sentí
en calma. Sabía que todo ese caos de emociones y sentimientos eran el efecto de
“lo bueno”. Al fin y al cabo, después de la tormenta viene la calma, y si “lo
bueno” se había acabado…lo mejor estaba por empezar.
Un día más…
Verónica García A.
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